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Proyecto

Rocallosas. Rocallosas.

Las
Cumbres

Este proyecto se despliega en cuatro niveles una experiencia de coherencia entre espacio y vida, concebido desde la intuición, la conciencia y una arquitectura que acompaña a quien la habita.

Desde su implantación en el terreno, la casa se adapta al desnivel natural, desarrollándose verticalmente y permitiendo que el recorrido sea una experiencia progresiva. Cada nivel revela una atmósfera distinta, pero todas se encuentran unidas por un hilo conductor claro: la amplitud, la materia noble y el flujo energético continuo.

El lenguaje de la tierra

La piedra natural, protagonista en fachada e interior, ancla la vivienda al territorio y aporta estabilidad, memoria y serenidad. En diálogo con ella, la madera introduce calidez y contención, equilibrando la verticalidad del proyecto y generando una experiencia de habitar profundamente humana.

Cuando el espacio respira

La doble altura en la sala, sello distintivo de mi arquitectura, se manifiesta como el corazón del proyecto. No responde a un gesto estético, sino a una decisión consciente: permitir que el espacio se expanda, que la luz y el aire fluyan con libertad y que el habitar se eleve desde la experiencia interior. Estos vacíos verticales son espacios que respiran, liberan y sostienen.

Desde la Arquitectura Ahúrica, esta casa se concibe para vivirse con el cuerpo, la emoción y la presencia. Los espacios acompañan el movimiento y despiertan sensibilidad, mientras el interior y el exterior dialogan de forma continua, generando una experiencia de libertad que se expande dentro y fuera de la vivienda.

El origen del habitar

Esta residencia trasciende la idea de vivienda: es el punto de origen de quien la habita. Un proyecto donde la arquitectura se entiende como extensión del ser, y donde cada altura, cada material y cada vacío expresan identidad, intención y verdad.

Sótano Sala de Juegos

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