Concebí la doble altura como un gesto de apertura: un espacio que respira, donde la luz asciende libre y el área social se eleva en claridad y vitalidad. Los muros revestidos con piedra de la región anclan la casa a su origen, creando desde el primer paso una sensación profunda de arraigo, estabilidad y hogar.
La escalera nace como una pieza escultórica en movimiento. No solo conecta niveles, acompaña el recorrido: ordena el flujo, suaviza la transición y guía la experiencia del habitar con equilibrio y naturalidad.
Distribuida en tres niveles, Fujiyama honra la jerarquía natural de lo íntimo y lo social:
- En la planta alta, las recámaras resguardan el descanso y la introspección.
- En el nivel intermedio, las áreas públicas forman el núcleo vibracional de la casa, donde la convivencia y la conexión se potencian.
- En el sótano, el área de servicio se integra de forma discreta, acompañada de un jardín diseñado para renovar la energía y propiciar momentos de expansión al aire libre.
La selección de colores cálidos, materiales nobles y texturas naturales crea una atmósfera de confort emocional, estabilidad y bienestar, logrando un espacio donde el diseño y la energía encuentran su punto de equilibrio.
Esta obra es un recordatorio de que la arquitectura puede ser también un acto de bienestar, alineación y propósito.
Habitar Conciente.
Residencia Fujiyama nació desde la escucha. Desde comprender cómo se vive, cómo se descansa, cómo se comparte y cómo se busca equilibrio en lo cotidiano. Cada decisión —la apertura del espacio, la jerarquía de los niveles, la elección de los materiales y la manera en que la luz recorre la casa— responde a una intención clara: crear un hogar que sostenga a quienes lo habitan en cada etapa de su vida.
Calidez.
La piedra local ancla la residencia a su territorio, aportando estabilidad, arraigo y una sensación inmediata de hogar.
Armonía.
Desde el acceso, la distribución guía el recorrido con fluidez, equilibrando lo social y lo íntimo desde el primer paso.
Para mí, la arquitectura cobra sentido cuando deja de imponer formas y comienza a acompañar procesos. Fujiyama es el resultado de concebir un proyecto desde las necesidades reales del cliente, transformándolas en espacios que ordenan, armonizan y permiten que la vida fluya con mayor claridad, calma y propósito.
Ecos del habitar
Desde el primer encuentro entendí que no se trataba solo de su diseño. Me acompañó para entender lo que necesitábamos como familia, incluso aquello que no sabíamos poner en palabras. Hoy habitamos un espacio que se siente estable, tranquilo y profundamente nuestro.
¡La casa nos sostiene!
Trabajar con ella fue un proceso distinto a todo lo que conocíamos. No impuso una forma, nos ayudó a descubrirla. Cada decisión tenía sentido, intención y coherencia. El resultado es un lugar donde el cuerpo descansa y la mente se ordena.
Hay algo que cambió después de habitar el proyecto. No es solo comodidad o estética; es una sensación constante de calma. El espacio acompaña. La arquitectura adema1s de ser escenario, es una parte activa de nuestra vida, incluso interior.
¡Así se siente!
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